Peregrinación a Las Lajas y Quito 2026
Peregrinación a Las Lajas y Quito 2026
En preparación de la Novena de Nuestra Señora del Buen Suceso
Por primera vez, el Distrito de América Central y el Caribe organizó la peregrinación a Las Lajas y Quito, como preparación inmediata para la Novena en honor de Nuestra Señora del Buen Suceso. Bajo la dirección del R.P. Ezequiel María Rubio, Superior de Distrito, acompañado por el R.P. Fernando Rivero y el R.P. Pablo Bianchetti, 44 fieles provenientes de todo el Distrito emprendieron esta empresa de fe y reparación.
La convocatoria superó ampliamente las expectativas. A los peregrinos del Distrito se sumaron cerca de 100 fieles de Estados Unidos, alrededor de 50 de América del Sur, así como representantes de Canadá, Polonia, Inglaterra, Filipinas y otros países. En total, unos 300 fieles y 16 sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se dieron cita en estos días de gracia.
Las Lajas: a los pies de la Imagen milagrosa
La peregrinación comenzó en el Santuario de Santuario de Nuestra Señora de las Lajas, en Ipiales, junto a la frontera con Ecuador. Allí, suspendido sobre el abismo y custodiando la frontera, se levanta el templo que guarda la imagen milagrosa de la Virgen aparecida en 1754 a la indígena María Mueses y a su hija Rosa. La tradición refiere que la niña, sordomuda, recobró el habla al ver a “la Mestiza” en la roca; más tarde, la misma roca quedó misteriosamente impregnada con la imagen de la Virgen, que la ciencia no es capaz de explicar. satisfactoriamente.
Frente a esa imagen, los peregrinos rezaron el Santo Rosario. El silencio del cañón, la majestad del santuario y la presencia viva de María marcaron el tono sobrenatural de todo el viaje.
San Antonio de Ibarra: la herencia del arte católico
La siguiente etapa condujo a San Antonio de Ibarra, conocido como el pueblo de los talladores. Allí subsiste el espíritu del arte quiteño, heredero del barroco colonial que evangelizó a todo un continente a través de la belleza. Los peregrinos pudieron admirar la finura de la imaginería y comprender cómo la fe, cuando es íntegra, se traduce en formas elevadas, proporcionadas y doctrinalmente expresivas.
Quito: la ciudad mariana
Finalmente, el grupo llegó a Quito para unirse a la Novena ya iniciada en honor de Nuestra Señora del Buen Suceso.
Cada día comenzaba con el Ángelus cantado, seguido del Rosario de Aurora. La imagen de la Virgen era llevada en procesión por las calles aún dormidas de la ciudad, entre cantos y oraciones, siendo recibida cada jornada por una iglesia distinta. Allí se rezaba la novena, se ofrecía una breve prédica alusiva y se entonaba un himno en honor de la Madre de Dios, antes de continuar el recorrido.
¡Qué belleza ver amanecer tomados del manto de la Virgen! Quien no lo ha vivido difícilmente puede imaginarlo. La ciudad despertando, el cielo clareando sobre las torres coloniales, y un pueblo entero caminando detrás de María… son escenas que quedan grabadas en el alma.
Quito no tiene nada que envidiar a las grandes ciudades de España o Europa. Sus templos, colmados de arte y de oro, elevan el pensamiento hacia la Jerusalén celestial. Se percibe todavía el fruto de una nación que conoció gobernantes católicos como Gabriel García Moreno, mártir del Sagrado Corazón, asesinado por su fidelidad a Cristo Rey.
Tesoros de gracia
Durante la novena, los peregrinos veneraron numerosas imágenes milagrosas: además de Nuestra Señora del Buen Suceso, la venerada Dolorosa de Quito, el Niño Jesús de Pichincha y la Virgen de la Borradora, entre otras. También visitaron el monasterio de la Inmaculada Concepción, donde vivió y recibió las revelaciones la Madre Mariana de Jesús Torres.
Entre 1594 y 1634, la Santísima Virgen se le apareció en repetidas ocasiones bajo el título del Buen Suceso, anunciando con precisión los males que afligirían a la Iglesia y a la sociedad en el siglo XX: crisis de vocaciones, corrupción de costumbres, ataques al sacramento del matrimonio y una profunda decadencia espiritual. Profecías que, lejos de ser curiosidades históricas, iluminan con particular actualidad la situación presente.
Cada tarde se organizaron visitas guiadas por los lugares más representativos de la ciudad; por la noche, conferencias doctrinales sobre el mensaje del Buen Suceso ayudaron a los fieles a profundizar en el sentido providencial de estas apariciones para nuestros tiempos.
Nada faltó: una vista panorámica de Quito desde lo alto de las montañas, serenata a la Virgen acompañada de fuegos artificiales —¡qué espléndidos fuegos!—, momentos de convivencia fraterna y, finalmente, el almuerzo de clausura que reunió a todos en una sola mesa.
El día de la Fiesta
El 2 de febrero, fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen —día propio de Nuestra Señora del Buen Suceso—, se sumaron numerosos peregrinos locales. A pesar de la fuerte lluvia, cerca de 1.500 fieles participaron en las celebraciones (en años anteriores, con buen clima, han llegado a ser hasta 3.000). Ni el frío ni el agua apagaron el fervor: fueron verdaderos días de gloria, días de amor a la Reina del Cielo, días de esperanza.
Si todavía subsiste devoción a la Santísima Virgen, el mundo puede esperar. Mientras haya almas que se consagren a Ella y se refugien bajo su manto, la promesa permanece: la cabeza de la serpiente será aplastada.
Nuestro corazón se quedó en Quito. Y si algo podemos añadir, es esto: no deseamos sino volver, el próximo año, nuevamente a los pies de la Virgen… y llevar con nosotros a muchos más.
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(Fuente: Casa Autónoma América Central, el Caribe y Colombia – FSSPX)