Respuesta al Cardenal Sarah
Cardenal Robert Sarah
En una tribuna publicada en Francia en Le Journal du Dimanche del 22 de febrero de 2026, el cardenal Robert Sarah, quien en los últimos años ha sido una importante fuente de aliento para numerosos fieles, expresa su inquietud ante el anuncio de las consagraciones episcopales por parte de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.
El cardenal escribe: «¿Cuántas almas corren el riesgo de perderse a causa de esta nueva desgarradura?».
Cabe preguntarse si son realmente las almas de los fieles que frecuentan las capillas de la Fraternidad las que están en peligro, o si no habría que temer más bien por la salvación de quienes siguen a los «prelados que renuncian a enseñar el depósito de la fe» o a los «lobos disfrazados de corderos», justamente denunciados por el prelado.
El remedio propuesto por Su Eminencia a quienes desean «librar el combate por la fe, la moral católica y la Tradición litúrgica» es la adhesión al Sucesor de Pedro. Todo católico debería entonces aceptar lo que proviene del Papa sin desobedecer jamás. Sin embargo, no es tan simple como parece, pues ¿no es precisamente de Roma de donde han venido recientemente la apertura de la comunión eucarística a los divorciados vueltos a casar, la bendición de parejas en situación irregular, la afirmación de que Dios quiere la pluralidad de las religiones, el cuestionamiento de títulos tradicionalmente atribuidos a la Santísima Virgen María y empleados por numerosos papas, o incluso el intento de suprimir a largo plazo el misal tradicional? Ahora bien, el propio cardenal Sarah se ha opuesto a muchas de estas novedades en nombre de la Tradición.
Por un lado, nos propone el ejemplo del buen combate por la fe, la moral católica y la tradición litúrgica; por otro, nos invita a obedecer a quienes son el origen de los males que combatimos. ¿Cómo hacerlo cuando incluso cardenales pueden difundir opiniones heterodoxas, reprobadas por el cardenal guineano, sin que, sin embargo, sean jamás cuestionados por las autoridades de la Iglesia? ¿Qué concluir, sino que, antes de asentir, no tenemos otra opción que distinguir entre las enseñanzas fieles a la fe de siempre y aquellas que expresan un pensamiento nuevo, irreconciliable con el magisterio anterior? Aunque el Papa actual ejerce el pontificado desde hace poco tiempo, sus nombramientos en los cargos más altos, así como sus discursos y homilías, no permiten augurar un cambio notable.
Por último, el cardenal Sarah ofrece a nuestra meditación el hermoso ejemplo de obediencia heroica del Padre Pío. Se nos permitirá, sin embargo, señalar la inmensa diferencia entre la situación del estigmatizado de Pietrelcina y la de la Fraternidad San Pío X. Él aceptó, con fe, humildad y obediencia, una grave injusticia que afectaba a su persona, pero que no tenía consecuencias externas en cuanto a la salvación de las almas. La Fraternidad, en cambio, se alza contra una injusticia que afecta al bien común de la Iglesia, herida en su fe, su moral y su liturgia, como reconoce el cardenal. ¿Cómo permanecer en silencio cuando la fe y la salvación de los fieles están amenazadas? ¿No es necesario, por caridad hacia esas almas, que algunos se atrevan a oponerse a quienes propagan el error?
San Pablo se opuso públicamente a San Pedro en Antioquía, antes de que el primer Papa reconociera su error. San Atanasio, cuando la mayoría de los obispos se inclinaba hacia la herejía de Arrio, fue excomulgado por el Papa Liberio, pero continuó predicando e iluminando a las almas. El Padre Pío tuvo, pues, razón en obedecer sanciones injustas que le afectaban personalmente, ya que nada amenazaba la fe de los fieles. Es menos conocido que se negó a celebrar la misa según el misal experimental de 1965 en lengua vernácula y que siguió celebrando la misa de su ordenación hasta su muerte, en 1968, pocos meses antes de que entrara en vigor la reforma litúrgica. ¿Qué habría hecho entonces?
Eminencia, le suplicamos que utilice su autoridad, su prestigio y su pluma para convencer al Santo Padre de poner fin a la crisis doctrinal, moral y litúrgica que atraviesa la santa Iglesia. Entonces la Fraternidad San Pío X ya no se verá en la necesidad de ordenar obispos sin mandato pontificio. Entonces habrá una verdadera unidad y una perfecta comunión en la Iglesia de Dios: unidad y comunión en la fe.
Padre Étienne Ginoux | FSSPX
(Fuente: Casa General – FSSPX.Actualidad)